Los Mártires del Fuego que Aun Esperan Justicia: Cuando la Tradición Esconde las Responsabilidades.
- Francisco Javier Ovalle Reinoso
- 13 nov 2025
- 6 Min. de lectura
Durante la época estival los incendios forestales representan una de las principales preocupaciones de las autoridades, por el desastre y los daños medioambientales que estos provocan, sin embargo, también se transforman en trampas mortales para brigadistas y bomberos que trabajan en su combate.
El año 2013 publiqué un reportaje en un medio de comunicación nacional abordando una arista poco estudiada, y quizás invisibilizada del combate de los incendios forestales. Las muertes de brigadistas y bomberos que nunca han sido investigadas penalmente y por las que tampoco hay culpables.

Gabriel Lara, Voluntario de la 4ta Compañía de Bomberos de Valparaíso, había muerto el año 2008. Su historia abrió un debate ético en todo sentido, desde la legislación a lo reglamentario. Gabriel concurrió a un incendio de pastizales en el Cerro La Cruz. El siniestro se extendió y cuando Gabriel estaba en la base de una quebrada ayudando a evacuar a algunos vecinos, un roll-over, (fenómeno termodinámico que muy pocas veces ocurre al aire libre porque se trata más bien de un efecto en incendios compartimentados), lo atrapó y lo envolvió.
Gabriel pudo llegar a la calle subiendo por una escala, el uniforme (tampoco apto para ese tipo de siniestros porque en ese momento utilizaba prendas de seguridad para rescate vehicular) se adhirió a su piel. Sus compañeros intentaron bajar la temperatura de su cuerpo y rápidamente fue trasladado a un centro asistencial, pero debido a las graves quemaduras recibidas, finalmente Gabriel Lara falleció el 20 de enero de 2008, 6 días después de la tragedia.
Tras la muerte de Gabriel, su madre Cecilia Espinoza intentó hacer efectivo el denominado seguro, que consiste en una renta vitalicia, pero de acuerdo a los organismos pertinentes, en este caso no corresponde el pago, puesto que Cecilia no pudo comprobar que vivía a expensas de su hijo, tal como lo indica la Ley según explicó en ese momento el entonces Presidente de la Junta Nacional de Cuerpos de Bomberos de Chile, Miguel Reyes.
Sin embargo, Cecilia Espinoza si bien reconocía esa normativa, argumentó que la Ley había sido modificada antes de la muerte de su hijo, por lo tanto, si podía ser beneficiaria del seguro. Respecto a la tragedia misma, y sobre las versiones que indican que Gabriel fue irresponsable al momento de actuar en ese incendio y bajar a la quebrada sin previa orden y de manera intrépida, Cecilia señalaba que culpar a un muerto es el camino más fácil y lo califica como un acto de cobardía, negando rotundamente esa posibilidad.
En Chile, hasta ese año 2013, se registraban 303 bomberos caídos en actos de servicio. De todas estas muertes, no hay ningún Oficial de Bomberos que haya estado a cargo de una de estas emergencias, al que la justicia haya sindicado como responsable penalmente.
El Presidente de la Comisión Especial de Bomberos de la cámara de Diputados, en ese entonces Alberto Robles, consultado respecto al tema, dijo que en esa instancia nunca se ha abordado el problema y puso como ejemplo lo ocurrido con la Tragedia de Antuco, donde los responsables de una mala orden, pagaron con cárcel y penalmente ese actuar, lo que nunca ha ocurrido con las muertes de Bomberos. El Parlamentario dijo que la situación se llevaría a la comisión especial para ser analizada y establecer si es pertinente, algún tipo de regulación en torno a futuros casos que se produzcan, lo que evidentemente nunca ocurrió o al menos no se conoció que se haya tratado en Comisión.
Una de la fuentes consultadas quien pidió reserva de su nombre puesto que se trataba en esos años de un conocido abogado nacional y además también bombero, (hoy esa misma fuente es un reconocido Fiscal del Ministerio Público y continúa siendo Bombero) indicó que un proyecto para sancionar a Oficiales de Bomberos por accidentes de sus subordinados puede ser atractivo, pero puede hacerle también un muy flaco favor a la Institución.
"Una modificación de esta naturaleza, probablemente -dijo– puede abrir una “Caja de Pandora”, porque las responsabilidades, que si bien deben existir, hay que construirlas a la luz de una normativa interna bomberil obligatoria estableciendo un marco previo, algo conocido por todos y, por ende, que se esté seguro desde antes sobre lo que el día de mañana será llamado a responder cada Oficial de Mando operativo y administrativo. Eso, no ocurre, por lo que enfatizar la seguridad personal desde el mundo de los juicios no es conveniente – explicaba el ahora Fiscal.
“Allí es donde se puede provocar una crisis de mando en los Cuerpos de Bomberos y en las Compañías, donde nadie querrá asumir un cargo sabiendo que la imprudencia de un voluntario podría llevarlo a la cárcel”. Investigando responsabilidades Respecto a las investigaciones, hace una aclaración. Las muertes se investigan como cualquier fallecimiento, sin embargo, otra cosa muy distinta es el tipo de responsabilidad que usualmente el sistema penal busca encontrar, que, la verdad, se limita a indagar el incendio para determinar una eventual intencionalidad, pero sobre aspectos de diseños, estructuras, condiciones de seguridad o similares son muy pocas y, por lo general, ligadas sólo a grandes tragedias. Dicho de otro modo, hay investigaciones, pero no se enfocan en el buscar responsabilidades internas en Bomberos por muerte de voluntarios; ello simplemente no está como pauta de trabajo. Sólo de esta perspectiva podría decirse que “no hay investigaciones” puntualizó.
En el mundo la experiencia es distinta. A modo de ejemplo, en Alicante, España, se separó de sus funciones a un Sargento de Bomberos que actuó como jefe en el incendio de La Torre de les Maçanes. “La medida se produjo después de las críticas suscitadas entre los efectivos de extinción por las trágicas consecuencias del fuego, de las que hacían responsable de manera indirecta a quien estaba como responsable del control de la emergencia en ese momento. El suceso produjo la muerte de dos personas por quemaduras, un paramédico y un bombero.
El año 2009 en Lleida en el incendio de Horta de Sant Joan, tras un año de investigación “se detuvo a dos hombres de 24 y 27 años sindicados como los autores del gigantesco siniestro. Sin embargo, la instrucción del caso siguió adelante en el juzgado de Gandesa a lo largo de casi dos años mas y terminó con la imputación final del jefe de guardia de los Bomberos por cinco presuntos delitos de homicidio imprudente y otro de lesiones. La investigación de la magistrada determinó que el operativo de los bomberos para frenar el avance de las llamas a lo largo de casi tres días no fue efectivo y terminó con la muerte de los cinco bomberos atrapados en el bosque. El único responsable de las acusaciones de supuesta descoordinación y dejadez de funciones fue el jefe de Bomberos.
Un tercer ejemplo se relaciona con lo que planteaba el Diputado Robles, en el sentido de que se debe investigar también responsabilidades de terceros. Esto ocurrió en un incendio en Estados Unidos, en el año 2011 y donde “El arquitecto que diseñó y estuvo a cargo de la construcción de una vivienda en Hollywood Hills, donde un bombero perdió la vida el año 2010, fue puesto tras las rejas acusado de un cargo de muerte involuntaria. Investigadores del Departamento de Bomberos y Policía de Los Ángeles lo acusaron de no acatar el código de construcción de la mansión, lo que habría provocado que el techo cayera sobre el equipo de extinción del incendio cobrando la vida del bombero Glenn Allen.

En Chile nadie quiere hacerse cargo, nadie quiere hacerse responsable, en toda la historia de Bomberos, los cientos de mártires y no solo en incendios, también en otras emergencias como rescates en aguas torrentosas, rescates en alturas, incluso en prácticas o “academias” como les llaman a los procesos de instrucción, siguen sin tener justicia.
Ad portas de enfrentar una nueva temporada de incendios, es de esperar que la situación cambie, mejore, por el bien de los voluntarios, y de la misma comunidad, y que los errores operativos, la escasez de recursos, la falta de implementos de seguridad, no sean motivo para llorar nuevamente a un Bombero, ni tampoco sean excusa para que en un funeral de noche, como lo dicta la tradición bomberil, se entierren junto al mártir, las responsabilidades de quienes tuvieron la obligación, moral de resguardar a sus voluntarios.



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